La Casa acoge, después de diez años, las nuevas creaciones de Manuel Parga
Hasta el 29 de julio, la delegación de la Xunta en Madrid ofrece en su sala A las nuevas obras del artista Manuel Parga, hijo de gallegos y vinculado con Ribadeo. Hace poco más de diez años, Parga también expuso en la Casa, "lo que permite establecer una clara evolución en su forma de expresión.
Madrid, 4 de julio de 2011.- Hasta el 29 de julio, la delegación de la Xunta en Madrid ofrece en su sala A las nuevas obras del artista Manuel Parga, hijo de gallegos y vinculado con Ribadeo. Hace poco más de diez años, Parga también expuso en la Casa, "lo que permite establecer una clara evolución en su forma de expresión.
A la inauguración asistieron más de un centenar de personas, familiares y amigos que arroparon a Parga en el acto, en cuya presentación intervinieron, además del autor, el prologuista del catálogo, Ignacio Izquierdo del Valle y el coordinador de Actividades Culturales de la Casa de Galicia, Ramón Jiménez Perez. "Manuel Parga Landa, regresa ahora con una muestra de su última pintura, para que veamos que durante este importante lapso de tiempo no ha hecho sino tirar del hilo de su vocación artística hasta desembocar en esta mayor madurez en que hoy se nos revela", dijo.
"Ya tenía entonces Manuel Parga tendencia a volar libre y alto sobre el lienzo, a buscar la lejanía de sus figuras, que empezaban en sus composiciones a distorsionarse con un sello propio a fin de expresar sus acuciantes inquietudes. Y es emocionante poder decir en este momento, diez años después, que la evolución de ese ciclo, de este círculo, se ha completado con tanto éxito pues se aprecia con tanta claridad, pues ha extremado su voz interior hasta dar con estas manchas de color que con tanta firmeza nos ofrece. Manchas abstractas que si las miráramos desde el aire, como él titula algunos de sus cuadros, podrían hablarnos de minúsculos y a la vez grandiosos paisajes desde las nubes, pequeños huertos armados a la manera de los puzzles, la confirmación de que el artista lleva un niño dentro que juega con las posibilidades de la imaginación. Tengo que decir a mí, particularmente, estos cuadros me encantan y que, si tuviera un paracaídas a mano, me lanzaría sin dudarlo sobre la delicia y suavidad de sus colores", añadió Jiménez.
Todo empezó en 1995, fecha en la que, por cuestiones laborales, Parga fue trasladado a París, y sus amigos, como regalo de despedida le obsequiaron con un maletín de óleos, un presente que despertó su vocación dormida.
Según Izquierdo, "sus cuadros se nos presentan ahora como enigmas, como rompecabezas en el sentido más simpático del término, de muy distintas soluciones; tantas como espectadores estén dispuestos a disfrutar con ellos".
El autor explicó, que desde entonces, no ha dejado de "sentir una profunda atracción por el color y las formas abstractas".