El periodista e investigador pronunció en la Casa la conferencia "Galicia, un observatorio del ejército nazi durante la II Guerra Mundial"
El periodista lucense Miguel Cabana habló hoy en la Casa de Galicia en Madrid de "una primicia, pues es algo de lo que muy pocas personas tienen conocimiento", dijo. Además de datos históricos ya conocidos, Cabana tuvo acceso, en exclusiva, a testimonios reales de pilotos alemanes que clandestinamente volaban desde Galicia en aviones facilitados por la administración de Franco para "espiar" a las flotas aliadas en el Atlántico en la II Guerra Mundial".
Madrid, 24 de enero de 2011.- El periodista lucense Miguel Cabana habló hoy en la Casa de Galicia en Madrid de "una primicia, pues es algo de lo que muy pocas personas tienen conocimiento", dijo. Además de datos históricos ya conocidos, Cabana tuvo acceso, en exclusiva, a testimonios reales de pilotos alemanes que clandestinamente volaban desde Galicia en aviones facilitados por la administración de Franco para "espiar" a las flotas aliadas en el Atlántico en la II Guerra Mundial".
La presentación del acto corrió a cargo del delegado de la Xunta de Galicia en Madrid y director de la Casa de Galicia, José Ramón Ónega López y contó con la asistencia de cerca de un centenar de personas, entre ellas tres diputados gallegos: los lucenses Joaquín Díez y Margarita Pérez Herráez, y Alberto Fidalgo por la provincia de Ourense. En su intervención, Ónega destacó la trayectoria profesional del ponente; "entró en La Voz de Galicia en el año 1994, donde fue redactor con diferentes responsabilidades y en diferentes centros de trabajo y actualmente es delegado de dicha cabecera en Lugo".
Miguel Cabana proyectó la foto del piloto alemán Schoffer: "Les presento al señor Schoffer. Ahora tiene 91 años, y voló durante la II GM en Galicia, oculto bajo apariencia de un civil junto a otros compañeros como si fueran civiles españoles sobre el Atlántico y el Cantábrico para encontrar los convoys de barcos aliados y dar su posición a los submarinos alemanes". Los repostajes y escalas de los submarinos alemanes en la ría de Vigo, son datos conocidos pero no éstos. Schoffer, junto con varios compañeros vivían en 1943 en Lugo, una ciudad pequeña, discreta y alejada de controles. Dos veces por semana, en parejas, viajaban a Santiago y desde allí, se adentraban en el mar pilotando pequeños aviones, hasta divisar un objetivo. Sin variar el rumbo, seguían una hora más, daban la vuelta y trazaban un triángulo. Con estos datos, volvían al hotel y desde allí, con el sofisticado sistema de Consol desarrollado por Kramar y Goldman y del que había dos centros en España, -en Sevilla y el de Lugo, podían enviar mensajes cifrados con la posición exacta de la nave, rumbo, velocidad, características? Una precisión que permitía a los submarinos alemanes que pocos barcos salieran indemnes, -hundieron más de 2800-. Cabana lamentó que las instalaciones no hayan llegado a nuestros días, como en Suecia, donde una estación similar, fue declarada Patrimonio de la Humanidad y es un Museo.