Inauguración de la exposición de pintura "Ven, mar, ven", de MERCEDES LENCE
El mar se convierte en protagonista de la exposición que presenta Mercedes Lence. El mar en sus distintas visiones, sensaciones e interpretaciones; el mar, elemento consustancial en la vida de la pintora viguesa. La muestra podrá visitarse hasta el 29 de noviembre, en horario de 10 a 14 y de 16 a 20 horas. Festivos: de 10 a 14 horas.
La nueva exposición que la artista gallega muestra en la Casa de Galicia en Madrid está protagonizada por el mar. Tanto por fragmentos de océano interpretados en su estado más salvaje y libre, es decir, sin límites, sin puertas, sin ataduras, como por masas de agua que templaron su fiereza y se cuelan sin hacer ruido hacia el interior de la geografía gallega a través de sus rías, meciéndose acompasadamente para armonizar con la placidez del paisaje que las acoge.
Pero al igual que el mar es cambiante, también lo son las actuales interpretaciones marinas de esta pintora. Pese a que en una lectura superficial y apresurada podrían parecer similares sus anteriores creaciones centradas en la misma temática, la realidad es que estos nuevos mares presentan numerosos matices diferenciales. En ellos aparecen nuevos colores, nuevos enfoques, nuevas texturas, quizás consecuencia también de nuevas vivencias y de nuevos modos de enfrentarse a la vida y a la creación.
Nada hay en las creaciones de Mercedes Lence que se puedan clasificar como marinas; salvo en que el mar aparece interpretado como una eclosión o quizás como una tempestad de color y materia. Sigue siendo un elemento definidor de su obra la utilización de una paleta de gran intensidad, que sirve para intensificar la carga expresiva de sus creaciones y que, en este caso, aparece dominada por las tonalidades frías: turquesas, verdes azules ultramar. Su personal abanico cromático se hace dueño del soporte a través de su también peculiar manera de abordar la ejecución técnica con base en una factura espontánea y libre, que, en ocasiones, parece desplazarse suavemente, de un modo plácido sobre el lienzo y, en otras se encrespa igual que el mar, dando lugar a unas creaciones intensamente matéricas, casi táctiles.
En otras composiciones, así como el agua le da paso a la arena, los tonos encendidos son sustituidos por otros más sutiles: tierras, ocres, blancos manchados..., en los que se mantiene el mismo interés por llenarlo todo, con un sutil y poético horror al vacío. Ahora son las huellas de gaviotas o quizás de otras aves imaginadas las que lo impregnan todo, las que transitan por el soporte como si caminasen sin compás, de norte a sur, de este a oeste... Huellas que evocan andares pausados y furtivos de animales que se sienten dueños de la naturaleza cuando amanece o se pone el sol y la presencia del hombre da paso al reino de los duendes y las sombras.
Por último, también se meten en la exposición un conjunto de pequeños cuadros que nos hacen olvidar su tímido formato por la fuerza de su paleta dominada por los rojos y bermellones, intensificados gracias a la utilización de barnices que le confieren un brillo especial al color.